Trombosis venosa cerebral

Noticia de Actualidad - Neurología


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En la edición de julio de la revista New England Journal of Medicine, se presenta una revisión actualizada acerca del diagnóstico de trombosis venosa cerebral, con base en las características clínicas e imagenológicas del cuadro, así como las alternativas terapéuticas disponibles en la actualidad.

Es importante anotar que la trombosis venosa cerebral es un trastorno vascular inusual del sistema nervioso central, que ha adquirido protagonismo en los últimos meses, como consecuencia de la aparición de casos raros, asociados con algunas de las vacunas contra la enfermedad producida por SARS CoV 2.

Por otra parte, también vale la pena comentar que las características del daño causado por la trombosis venosa cerebral difieren de las formas habituales de accidente cerebrovascular isquémico, causadas por la oclusión de los vasos arteriales, por lo que es importante establecer una diferenciación adecuada.

La trombosis venosa cerebral causa dos entidades fisiopatológicas distintas: infarto venoso cortical con síndromes neurológicos focales e hipertensión intracraneana, condiciones que pueden evolucionar, de forma aislada o en conjunto, durante un lapso de tiempo variable, entre algunas horas y algunas semanas.

La enfermedad se ha relacionado con trastornos que causan trombosis venosa sistémica, principalmente un grupo diverso de estados de hipercoagulabilidad producidos por adenocarcinomas, policitemia vera, trombocitemia, leucemia, enfermedad de células falciformes y embarazo o período posparto, entre otras.

Además, la trombosis venosa cerebral puede ser causada por tres estados de hipercoagulabilidad, muy poco frecuentes, pero relacionados entre sí: trombocitopenia inducida por heparina; trombocitopenia autoinmune inducida por heparina y trombocitopenia trombótica inmunitaria inducida por vacunas.

Los métodos imagenológicos de elección para el diagnóstico de la trombosis del seno venoso dural y la trombosis de la vena cortical son la tomografía computarizada  y la resonancia magnética con venografía de contraste, pruebas que han desplazado, desde hace algún tiempo, a la angiografía con catéter.

En cuanto al tratamiento, las guías de la Organización Europea de Ictus sugieren iniciar heparina de bajo peso molecular tan pronto como sea posible, después de que se haya establecido el diagnóstico (no aplica a las variantes inducidas por heparina o por vacunas) y considerar la práctica de descompresión craneal y el uso de anticonvulsivantes, en los casos correspondientes.



Referencia

Rooper AH, Klein JP. Cerebral Venous Thrombosis. N Engl J Med 2021; 385: 59 - 64

 

Resumen disponible en

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra2106545