SARS- CoV-2 … De Nuevo otro Coronavirus

11/05/2020

Una vez más, y como se había alertado en múltiples oportunidades, un nuevo coronavirus surge de un mercado de la ciudad de Wuhan en China, alcanzando proporciones impensables.

El doctor Li Wenliang  visitaba frecuentemente el mercado mayorista de mariscos de la ciudad de Wuhan, epicentro económico y universitario del centro de China, y siempre le preocupaban las pésimas condiciones sanitarias de más de 1.000 puntos de ventas de animales tradicionales como mariscos, pescados, cerdo y pollos, y un sinnúmero de animales silvestres y exóticos como tortugas, ranas, pangolines, serpientes, carne de perro, etc. Pero jamás imaginó que estaba ad portas de una epidemia que cubriría rápidamente todos los rincones del planeta, con una rapidez sin precedentes.

En su consultorio, el doctor Li empezó ha observar una serie de pacientes con cuadros severos respiratorios y advirtió por un correo interno a sus amigos que estábamos frente a una nueva enfermedad… posiblemente un nuevo virus. El doctor fue censurado rápidamente y obligado a desmentirse, y sin saber que su sospecha era cierta y que había podido ayudar a cercar una infección y evitar esta grave crisis, falleció de 33 años el 7 de febrero del presente año de la misma enfermedad viral que él alertaba, “un nuevo coronavirus”, el SARS - CoV – 2, causante del COVID-19.

¿Pero cómo llegó a nosotros? Los análisis genéticos iniciales del virus sugirieron que se había originado en los murciélagos; sin embargo, debido a que este virus requiere un hospedero, los científicos creen que un animal aún desconocido actuó como intermediario en la transmisión del virus al humano. Este animal intermediario parece ser el pangolín, un mamífero en peligro de extinción, pero se debe continuar la búsqueda para conocer al detalle la cadena de transmisión.

 

El virus

El SARS- CoV-2 hace parte de una gran familia de virus causantes de diferentes enfermedades respiratorias y en alguna medida gastrointestinales. Por la forma de su envoltura con espigas (spikes), que recuerda una corona, se les denomina coronavirus.

 

 

 

Figura 1. El virus está compuesto, como la mayoría de los virus, por una envoltura y una nucleocápside. En el caso del SARS- CoV-2 la envoltura está compuesta por una bicapa de fosfolípidos  y unas proteínas de membrana “M” que entran en contacto con la parte interior del virus, y además se encuentran en la envoltura las glucoproteínas “S” en forma de espigas (spikes) características del virus y que denotan su nombre y son las responsables de la unión o adhesión a las células hospederas. En la nucleocápside o interior del virus se encuentra el material genético, que está compuesto por una única cadena de ARN con polaridad positiva y unido a ciertas nucleoproteínas.

Existen antecedentes de otros coronavirus que como este han causados grandes epidemias, pero nunca como la que actualmente cubre todo el planeta. En el año 2002 el coronavirus del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS-CoV)  se propagó a más de 30 países, causó una enfermedad respiratoria aguda y se le asoció una letalidad de entre el 10 y el 11 por ciento. Diez años después, en el Oriente Medio, específicamente en Arabia Saudita, apareció el MERS-CoV. Esta epidemia también estuvo asociada a cuadros respiratorios severos, llegando a una mortalidad hasta del 35 por ciento.  Estas infecciones todavía no se consideran erradicadas y continúan en el ambiente con brotes muy esporádicos y aislados.

 

¿Pero cómo este virus causa el síndrome respiratorio?

El virus se transmite a través de pequeñísimas gotas de saliva o secreciones respiratorias por el aire, cuando los pacientes tosen o estornudan; las personas cercanas pueden absorber dichas partículas a través de las mucosas de la boca, los ojos o del tracto respiratorio superior. Adicionalmente, el virus puede sobrevivir varias horas e incluso días sobre varias superficies, por lo cual se recomienda el lavado frecuente de las manos y evitar tocarse la cara. Estudios han demostrado que uno se toca la cara 23 veces en promedio por hora. Las partículas del coronavirus, valiéndose de sus proteínas en forma de espiga o “S” que sobresalen de su superficie, se adhieren a las células de la mucosa respiratoria, principalmente, desencadenando el ciclo viral intracelular (Figura 2).

 

 

 

Figura 2. El virus ingresa a la célula a través de las mucosas de la nariz, los ojos, la boca y el tracto respiratorio alto. Mediante su proteína “S” se une a un receptor llamado ACE2 (Enzima Convertidora del Angiotensinógeno 2). Una vez en el interior de la célula, libera su material genético (ARN), y a medida que la infección progresa el virus utiliza la célula para producir nuevos viriones, ensamblándolos y liberando millones de copias.

La mayoría de los síntomas que se presentan en la enfermedad son comunes a otras enfermedades respiratorias tales como la gripa o el resfriado común. Específicamente, fiebre, tos, malestar general, síntomas nasales y, en casos más graves, se puede presentar neumonía, shock y falla multisistémica, que es fatal en un gran número de casos. Lo más frecuente es que en los primeros días la mayoría de las personas infectadas no presenten síntomas o presenten síntomas leves.

Según la información del Centro de Enfermedades Infecciosas de Atlanta CDC (por sus siglas en inglés: Centers for Disease Control and Prevention) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 81% de los pacientes infectados tienen un cuadro leve; el 13,8% presentan una enfermedad más grave que requiere hospitalización y soporte con oxígeno, y en cerca del 4,7% el cuadro es crítico, con insuficiencia respiratoria severa, y requiere cuidado intensivo. La mortalidad a hoy es del 2,3% y se da más en pacientes de la tercera edad y que presentan patologías subyacentes como enfermedades pulmonares o cardiovasculares de base.

Por esto, es muy importante tomar medidas para protegernos y proteger a los demás.

 

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