¿La vacunación por BCG podría ser una herramienta contra el COVID-19?

21/05/2020
U.S. National Library of Medicine

 

Diversos estudios sugieren que uno de los factores que puede influir en que el SARS-CoV-2 no sea tan agresivo en los niños más pequeños es su contacto con las vacunas. Esta hipótesis debe continuar explorándose para confirmar su efecto en los ensayos prospectivos.

 

Un tema fascinante y de gran alivio en medio de la pandemia es la protección que tienen los niños frente al coronavirus actual. Las grandes series de pacientes reportan del 1 al 5% de los casos diagnosticados en niños. En ellos la enfermedad es más leve que en los adultos y tiene una tasa de mortalidad bastante rara (COVID-19 Al Día. Abril 29, 2020). 

Una teoría de este fenómeno, desarrollada en medio de la pandemia, es la protección heteróloga de los esquemas de vacunación. La vacuna de Bacillus Calmette–Guérin (BCG), por ejemplo, desafía el concepto de especificidad de la vacuna, ya que hay evidencia de que puede proteger de patógenos que no sean Mycobacterium tuberculosis, lo que resulta en protección heteróloga o inespecífica (Future Microbiol. August, 2018). 

Numerosos estudios epidemiológicos, clínicos e inmunológicos demuestran que vacunas como la BCG afectan la respuesta inmune a infecciones posteriores, lo que resulta en una reducción de la morbilidad y la mortalidad. Las líneas importantes de evidencia que indican que BCG protege contra patógenos virales provienen de estudios experimentales que muestran protección contra varios virus de ADN y ARN, incluidos los virus del herpes y la gripe. También se ha demostrado el efecto de BCG en una infección viral experimental en humanos (Clin Microbiol Infect. December, 2019). 

A pesar de que la vacuna antituberculosa actual se derivó en la década de 1920, los mecanismos de inmunidad protectora inducida y la variabilidad de la eficacia protectora entre las poblaciones aún no se comprenden completamente. Se piensa que el efecto protector heterólogo está mediado por la inducción de la memoria inmune innata y activación de linfocitos, lo que resulta en una mayor producción de citoquinas, actividad de macrófagos, respuestas de células T y títulos de anticuerpos previos a la exposición. 

Otro hecho que apoya esta teoría de protección heteróloga son los estudios poblacionales donde se ha visto una reducción en los ingresos hospitalarios por enfermedades respiratorias agudas y menor sepsis en grupos vacunados, por ejemplo, con la BCG. 

Para dar más luces sobre esta teoría, específicamente en COVID-19, científicos del New York Institute of Technology, en Estados Unidos, analizaron las políticas de vacunación de BCG en múltiples países, incluyendo las fechas de inicio del programa de vacunación, y las compararon con los datos de mortalidad por COVID-19 (Figura 1).

 

 

 

Figura 1. Muertes por millón de habitantes y clúster de países por ingresos y programas de vacunación por BCG. (Adaptado de Miller y cols. medRxiv 2020.03.24.20042937 ).

No obstante, se trata de evidencia de tipo ecológica (que puede ser una correlación espuria), se muestran diferencias en el impacto de COVID-19 que podrían explicarse, en parte, por las diferentes políticas nacionales con respecto a la vacunación; los países sin políticas universales de vacunación con BCG (Italia, Holanda, Estados Unidos) se han visto más gravemente afectados en comparación con los países con políticas de BCG universales y de larga data. Los países que tienen un comienzo tardío de la política universal de BCG (por ejemplo, Irán en 1984) han tenido una alta mortalidad, en consonancia con la idea de que BCG protege a la población de adultos mayores vacunados. A pesar de que otros autores en la Universidad de Michigan y de Israel encontraron datos similares, aún se requiere mayor evidencia. 

La combinación de reducción de la morbilidad y la mortalidad hace que la vacuna BCG sea una posible herramienta potencial en la lucha contra COVID-19, pero debe probarse a través de mejores datos. De aquí entonces que ya existen múltiples ensayos clínicos con vacunas no dirigidas explícitamente contra el SARS-CoV-2, como la BCG, en adultos para el COVID-19 (Klinger D., y cols. medRxiv 2020.04.23.20077123). 

Esta hipótesis, de si uno de los factores que puede influir en que el SARS-CoV-2 no sea tan agresivo en los niños más pequeños es su contacto con las vacunas, debe continuar explorándose para confirmar su efecto en los ensayos prospectivos.

 

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