COVID-19 / Vacunas ¿Estamos sobreestimando su poder?

03/07/2020

 

Con un poco de cautela y mucha ciencia, podríamos contar con una o varias vacunas contra el SARS-CoV-2 en corto tiempo ¿Pero estas vacunas van a prevenir todos los contagios? ¿Podremos estar completamente convencidos de su seguridad clínica a largo plazo? 

Idealmente, las vacunas deberían evitar por completo los contagios, determinando lo que se conoce  como una “inmunidad esterilizante”, pero con todos los antecedentes que hemos vivido con los virus que contienen como material genético ARN, como el de la hepatitis C o los de la influenza, y las malas experiencias con el coronavirus del SARS-CoV del 2002 y diez años después el del MERS-CoV en el Medio Oriente, hasta el punto de abandonar los proyectos de vacunas, quizás no se logre detener el ciento por ciento de los contagios y la transmisión del SARS-CoV-2. 

Un estudio publicado el pasado 19 de mayo en la revista Nature sobre la vacuna que está adelantando la Universidad de Oxford mostró que los macacos desarrollaban respuesta inmune y anticuerpos neutralizantes contra el virus, y ante el desafío con el virus después de la vacunación estos primates no presentaron un cuadro de neumonía severa, pero todavía tenían altos niveles de virus en sus vías respiratorias superiores y por ende el potencial de transmisión (Nature. May 19, 2020). 

Y los datos preliminares, publicados el pasado 22 de mayo en la prestigiosa revista The Lancet sobre los resultados del primer estudio Fase 1 en humanos de la vacuna CanSino de la China, abren nuevas dudas. Aproximadamente, el 50% de los voluntarios que ya tenían inmunidad contra el adenovirus presentaban una respuesta inmune menor. La vacuna de CanSino Biologics es una vacuna virus/vector, la cual usa un virus de resfriado común atenuado, el adenovirus 5, sobre el cual se inserta la información para la proteína Spike “S” del SARS-CoV-2. 

Al utilizar un virus al cual ha estado expuesto el ser humano en múltiples oportunidades, preocupa que el sistema inmune se concentre en atacar el adenovirus y pase por alto las proteínas del SARS-CoV-2. Por ello, el estudio muestra una mayor respuesta inmune a la vacuna en los voluntarios jóvenes que en la población mayor, donde paradójicamente se requiere mayor protección. Ante este resultado, el grupo plantea que la aplicación puede ser por vía intranasal y no intramuscular, o usar concentraciones más altas de la vacuna, pero con el riesgo de la aparición de un número mayor de eventos adversos. De todos modos, debemos tener en cuenta que estos resultados son hallazgos preliminares y tendremos que esperar los estudio Fase 2 que ya están iniciando (The Lancet. May 22, 2020). 

Es cierto que si llevamos la enfermedad de una neumonía severa con compromiso sistémico a un simple “resfriado común” será un gran paso y quizás es lo que se ha logrado con las vacunas para la influenza años atrás, logrando una protección entre un 30% y un 50% (Nature. May 19, 2020). 

Michael Mina, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, piensa que no será posible lograr una “inmunidad esterilizante” con una vacuna para el COVID-19: “Experiencias con otros coronavirus y múltiples patógenos respiratorios nos han enseñado que la inmunidad que se logra no dura toda la vida y se mide en años o meses”. Él ve una ventaja potencial para estas vacunas, que no detiene en su totalidad la infección y su transmisión, pero la circulación del virus, a un nivel bajo, podría actuar como un “refuerzo” natural para mantener altos niveles en la población (New York Times. May 22, 2020).

 

Velocidad vs Seguridad

Las vacunas suelen llevar entre diez y quizás más años de investigación y desarrollo, y después de pasar por el laboratorio y muchos estudios preclínicos y clínicos, tan sólo el 6% llega al arsenal médico. 

Pero para el caso del COVID-19, con un número de contagios que crece minuto a minuto, una morbimortalidad alta en un grupo especial de riesgo y un impacto económico y laboral de grandes dimensiones a nivel global que llevará años recuperar, nadie quiere esperar estos tiempos.

 

 

Figura 1. Proceso y etapas de desarrollo de una vacuna tradicional y las proyectadas para el COVID-19. 

Pero los centros de investigación, las compañías farmacéuticas y los gobiernos están haciendo esfuerzos enormes y en algunos casos buscando anticipar etapas en el proceso del desarrollo e invirtiendo enormes sumas de dinero a riesgo en la construcción en paralelo de plantas de manufactura y en acuerdos de producción que involucran varios países. 

Algunos expertos, como Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, afirma que es demasiado optimista contar con una vacuna en menos de 18 meses, pero la Universidad de Oxford y su Centro Jenner dice que 18 meses es demasiado tiempo. Con la aprobación de emergencia, le están apuntando a tener las primeras dosis de su vacuna para septiembre. 

Uno de los temas que ha generado más controversia en esta carrera en busca de acortar los tiempos cada vez más es la inclusión de ensayos de desafío en voluntarios sanos. En los estudios de desafío, o también llamados de infección controlada en humanos, un pequeño número de voluntarios sanos se expone deliberadamente a la infección después de recibir la vacuna bajo estudio, para reunir rápidamente datos de eficacia o respuesta inmune y seguridad clínica. Esta modalidad acorta en forma considerable los tiempos de los ensayos clínicos necesarios para la aprobación. 

Estos estudios no son nuevos: se han realizado en varias oportunidades para evaluar vacunas en algunas patologías tales como la malaria, la influenza y la fiebre tifoidea, entre otras. Además de evaluar la respuesta a la nueva vacuna en desarrollo y acelerar en gran medida las fases requeridas para su aprobación, aporta un sinnúmero de información valiosa sobre la inmunología de la respuesta a la infección, los cambios en las cargas virales y, lo más importante al acortar los tiempos de aprobación, contribuye a disminuir la pérdida de miles de vidas. Ante la pandemia, se ha creado una página en internet para inscribirse como voluntario para estos estudios de desafío llamada 1Day Sooner – Human Challenge Trials; hoy 4 de junio de 2020 cuenta con 28.280 voluntarios inscritos de 102 países.

 

 

Y aunque se realizan en personas sanas, jóvenes, con el menor riesgo de morbimortalidad y estrictos protocolos médicos de cuidado y con todos los consentimientos éticos de buenas prácticas de investigación, hay voces que abogan por tener cautela. Advierten que actualmente no hay terapia de rescate para esta patología “COVID-19” y no conocemos muchos aspectos de la enfermedad; y lo más importante, no se sabe si la vacunación o el contagio posterior pueden dejar secuelas a largo plazo. 

La seguridad es uno de los principales objetivos en el desarrollo de las vacunas.  Más aún con el SARS-CoV-2, principalmente por ser un coronavirus. En este caso, la búsqueda de una vacuna ha sido esquiva y se han presentado en muy raras ocasiones cuadros muy severos de la patología con el contagio “desafío con el virus” en pacientes que han recibido la vacuna, y ya se ha demostrado que se presentan por dos síndromes previamente descritos con el uso de vacunas y de carácter inmunológico. 

El primero es la ampliación de la infección dependiente de anticuerpos o ADE (Antibody-Dependent Enhancement) y el otro es un cuadro respiratorio más severo y asociado a la vacunación o VAERD (Vaccine-Associated Enhanced Respiratory Disease). El ADE se da por la unión de los anticuerpos a las células por su fracción Fc, y al presentarse la unión del anticuerpo con el virus se desencadena un mayor ingreso de virus a las células, mayor daño tisular y en algunos casos puede desencadenar fenómenos de vasculitis. Y el segundo o VAERD se da por un nivel alto de anticuerpos neutralizantes circulantes, que se unen a otros anticuerpos y sumado a la alta carga viral desencadenan la formación de complejos inmunes que activan los componentes de complemento, llevando a una fuerte cascada inflamatoria bronquial que se ve acentuada por el reclutamiento de diferentes interleuquinas tales como la IL-4, la IL-5 y la IL-13, que da como resultado una mayor producción de moco bronquial y mayor obstrucción en la vía área. Por lo anterior, es de vital importancia la evaluación de la seguridad clínica en el desarrollo de la vacuna para el SARS-CoV-2. 

Pero no todo es desalentador. Son datos muy preliminares y hay un desarrollo enorme de vacunas que actúan por vías novedosas y tecnologías de punta, y algunas enfocadas en su efecto sobre las mucosas, y esto puede desencadenar una mayor respuesta y quizás unos resultados que sorprendan.

 

Mauricio Pérez G., M.D.

Director Médico Científico

Tecnoquímicas S.A.

Biblioteca Científica

Encuentre el posible diagnóstico o consulte el código de por marca comercial o principio activo